Aunque parezca contradictorio, en nuestro afán por vernos más lindas podemos afectar nuestra belleza natural. Más específicamente, la de nuestros pies, ya que de tanto usar zapatos de taco y plataformas altas terminamos por arruinar su aspecto con feos callos y juanetes que también nos producen gran dolor.
Por este motivo debemos mantenerlos constantemente exfoliados. Y una de las mejores herramientas para hacerlo es la piedra pómez, también llamada pumita o pumicita. Su textura porosa con varios huecos y cavidades es ideal para limpiar las superficies delicadas, incluyendo la piel de las plantas de los pies, que están llenas de terminaciones nerviosas y cuya adecuada estimulación producen un increíble relax.
Para sacarle el máximo provecho a la piedra pómez hay que remojar los pies en agua tibia, jabonarlos -de preferencia, con un jabón líquido de PH neutro- y con la piedra humedecida frotar las plantas con movimientos suaves y circulares, deteniéndonos en las partes callosas y con juanetes.
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Los pies son el punto de apoyo del cuerpo. La mayor parte del tiempo del día los usamos para caminar, correr, ir y venir, y por estar hasta abajo es la parte del cuerpo más olvidada muchas veces.
