De arriba abajo. Para empezar hay que cuidar lo más sensible: rostro y cuello, las zonas más vulnerables bajo el sol. La piel que antes se rinde al paso del tiempo se tiene que proteger siempre, pero en verano corre el riesgo de dañarse y acusar el mal trato con arrugas y flaccidez. Para evitarlo hay que utilizar una buena hidratante con un tónico.
El cuello es el primer delator de la edad. Antes de que aparezcan esas arrugas llamadas ‘anillos de Venus’ y para evitar la papada, hay que prestarle atención diaria y no aproximar la mandíbula a la garganta, realizar ejercicios de rotación de la cabeza (de un lado a otro) y dormir sin una almohada que fuerce demasiado la postura, es decir, ni muy gruesa ni muy fina.
Es difícil mantener firmes los tejidos del pecho. Las cremas reafirmantes y un poco de ejercicio ayudan a combatir la caida. Es cierto que la herencia genética condiciona y acentúa la falta de tono muscular, pero se puede atenuar la necesidad de tersura en la piel.
Llegamos al vientre, las caderas, los glúteos y las piernas, desgraciadamente para muchas, atacados por la celulitis. Hay que evitar la vida sedetaria y estimular la circulación con masajes y cremas contra la piel de naranja, difícil de erradicar. Antes de ir a la playa conviene saber que la piel debe estar libre de toxinas y células muertas para lo que es necesaria la aplicación de una buena exfoliante de vez en cuando o de un limpiador que se utilice a diario con partículas exfoliantes que sirvan para dar más brillo a la piel. Después hay que extender una hidratante nutritiva y el bronceado de este verano no se parecerá al de un lagarto.

Si el pasar de los años ha dejado leves manchas en diferentes partes de tu cuerpo, puedes quitarlas con remedios hechos en casa.
Existen factores que pueden acelerar la aparición prematura de arrugas en la piel. Empieza a cuidarte pronto, como ya se sabe, es mejor curarse en salud, y si puedes prevenir las arrugas siempre es mejor que volverte adicta a todo tipo de cremas cuando ya es demasiado tarde.
Limpiar el rostro. Esté maquillado o no, es imprescindible limpiarlo por lo menos dos veces al día. Por la noche para arrastrar toda la suciedad que se ha acumulado a lo largo del día.
Si bien todos los días nos enfrentamos a nuestra imagen, no siempre lo hacemos con la atención necesaria para conocer nuestra piel a fondo.
