Aunque parezca contradictorio, en nuestro afán por vernos más lindas podemos afectar nuestra belleza natural. Más específicamente, la de nuestros pies, ya que de tanto usar zapatos de taco y plataformas altas terminamos por arruinar su aspecto con feos callos y juanetes que también nos producen gran dolor.
Por este motivo debemos mantenerlos constantemente exfoliados. Y una de las mejores herramientas para hacerlo es la piedra pómez, también llamada pumita o pumicita. Su textura porosa con varios huecos y cavidades es ideal para limpiar las superficies delicadas, incluyendo la piel de las plantas de los pies, que están llenas de terminaciones nerviosas y cuya adecuada estimulación producen un increíble relax.
Para sacarle el máximo provecho a la piedra pómez hay que remojar los pies en agua tibia, jabonarlos -de preferencia, con un jabón líquido de PH neutro- y con la piedra humedecida frotar las plantas con movimientos suaves y circulares, deteniéndonos en las partes callosas y con juanetes.
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Los pies son el punto de apoyo del cuerpo. La mayor parte del tiempo del día los usamos para caminar, correr, ir y venir, y por estar hasta abajo es la parte del cuerpo más olvidada muchas veces.
Reparar los excesos del sol causados en la piel de nuestras manos y el envejecimiento prematuro, en muchos casos, es el principal objetivo de este revolucionario tratamiento.
¿Alguna vez te ha pasado que no puedes quitarte los zapatos en público porque te mueres de vergüenza de ciertos olores? ¿O cuando te han dicho “ponte cómodo? la mejor comodidad para ti ha sido quedarte con toda la ropa puesta?.
Como ya sabemos, las manos son una de las mejores cartas de presentación que tenemos las personas. Por medio de nuestras manos se pueden conocer muchas costumbres, buenas o malas, de las personas.
