Entre las diferentes alteraciones capilares descamativas la más conocida es, sin duda, la caspa , que es una descamación anormal de las células del cuero cabelludo que se manifiesta por la formación y acumulación de pequeñas escamas blancas que quedan atrapadas en el pelo y suele ir acompañado de picor.
Aunque este trastorno puede darse en todas las etapas de la vida, alcanzando su momento de mayor prevalencia a los 20 años, suele mejorar paulatinamente con el tiempo, siendo rara su presencia a partir de los 50 años.
Se puede hablar de 2 tipos de caspa: la caspa seca y la caspa grasa. La caspa seca es la más frecuente y suele asociarse a cuero cabelludo seco y cabellos faltos de brillo y ásperos. La caspa grasa está relacionada con la formación de sebo y aparece en la pubertad con el desarrollo hormonal, presentando un aspecto aceitoso.
Este problema no se cura, pero sí se puede controlar mediante el tratamiento adecuado . Se aconseja el lavado frecuente con un champú específico, aunque es importante que se alterne con otro de uso diario para evitar que los microorganismos sean menos sensibles a uno en concreto (crean resistencia). Es recomendable masajear el cuero cabelludo con las yemas de los dedos durante unos cinco minutos, tiempo necesario para que el producto actúe con eficacia.
Es muy importante que, tras la aplicación del champú anticaspa, se enjuague a fondo el cabello para no dejar residuos que puedan provocar picores o irritaciones en el cuero cabelludo.
Si no sufres de este trastorno pero quieres evitar su posible aparición debes seguir estos consejos: lavar con frecuencia el cabello usando champús adecuados, no abusar de permanentes y tintes, no utilizar colonias ni perfumes en el pelo, después de lavarlo secarlo con una toalla y dejar ligeramente húmedo y en caso de usar el secador no hacerlo a la máxima temperatura, beber dos litros de agua diarios y tener presente que las dietas ricas en vitaminas A y B pueden ayudar a estabilizar el cuero cabelludo.


