Aunque parezca contradictorio, en nuestro afán por vernos más lindas podemos afectar nuestra belleza natural. Más especÃficamente, la de nuestros pies, ya que de tanto usar zapatos de taco y plataformas altas terminamos por arruinar su aspecto con feos callos y juanetes que también nos producen gran dolor.
Por este motivo debemos mantenerlos constantemente exfoliados. Y una de las mejores herramientas para hacerlo es la piedra pómez, también llamada pumita o pumicita. Su textura porosa con varios huecos y cavidades es ideal para limpiar las superficies delicadas, incluyendo la piel de las plantas de los pies, que están llenas de terminaciones nerviosas y cuya adecuada estimulación producen un increÃble relax.
Para sacarle el máximo provecho a la piedra pómez hay que remojar los pies en agua tibia, jabonarlos -de preferencia, con un jabón lÃquido de PH neutro- y con la piedra humedecida frotar las plantas con movimientos suaves y circulares, deteniéndonos en las partes callosas y con juanetes.
Cada vez que el jabón se vaya absorbiendo habrá que sumergir los pies y la piedra nuevamente en el lÃquido elemento, volviendo a jabonar para que al frotar no cause resequedad ni sea doloroso. En realidad, la exfoliación con piedra pómez no deberÃa ocasionar ninguna molestia, salvo un ligero cosquilleo como señal de que la piel se encuentra más lisa.
El procedimiento de limpieza con la piedra pómez se debe realizar en promedio tres veces por semana. En pocos dÃas notaremos cómo las plantas de nuestros pies gozarán de una envidiable suavidad, producto de que las células muertas han sido absorbidas por los poros de la piedra, que debe ser reemplazada en cuanto sus cavidades empiecen a alisarse (ello depende de la frecuencia de uso).


